https://youtu.be/qs8AiQnHUHE?si=1x_HqO2l3GWd0BBm
En su obra cumbre La naturaleza del espacio (1996), Milton Santos propone un giro epistemológico fundamental para la geografía contemporánea.
El autor define el espacio como un conjunto indisociable de sistemas de objetos y sistemas de acciones.
Esta perspectiva trasciende la visión puramente técnica al argumentar que el territorio es un híbrido donde la materialidad (objetos) y la vida social (acciones) se condicionan mutuamente en una unidad dialéctica.
Para Santos, los objetos no son entes neutros, sino formas-contenido. Esto significa que cada elemento técnico, desde un edificio inteligente hasta una red de transporte, lleva inscrita una intencionalidad y una función social predeterminada. El espacio geográfico surge cuando las acciones sociales activan estos objetos, dándoles un sentido histórico y político. En este esquema, el territorio es el resultado de cómo la sociedad actual utiliza los objetos heredados del pasado para concretar sus intenciones presentes.
El autor identifica la etapa actual del desarrollo geográfico como el Medio Técnico-Científico-Informacional. En este periodo, la ciencia y la tecnología no solo se instalan en el territorio, sino que lo reordenan bajo una lógica de fluidez absoluta. Los objetos técnicos modernos están diseñados para minimizar la fricción en el movimiento de capital y datos, transformando el suelo en un recurso estratégico global donde la información es el principal vector de control y poder.
El conflicto entre Verticalidades y Horizontalidades
La dinámica espacial se manifiesta en una tensión constante entre dos fuerzas opuestas:
Verticalidades: Son flujos de poder jerárquicos y hegemónicos. Responden a intereses externos y globales, imponiendo un tiempo rápido y lineal que busca la eficiencia del mercado. Las verticalidades conectan puntos distantes del globo ignorando la realidad de las comunidades que atraviesan.
Horizontalidades: Representan el espacio de la proximidad y la vida cotidiana. Es la escala donde se producen los vínculos solidarios y la identidad local. Las horizontalidades sostienen un tiempo más lento, adaptado a la reproducción de la vida social y la resistencia frente a la homogeneidad impuesta por las redes globales.
En conclusión, la geografía de Santos nos enseña que el espacio es un campo de fuerzas en disputa. La planificación urbana no debe limitarse a la gestión de objetos técnicos, sino que debe reconocer y proteger las horizontalidades sociales que permiten la existencia de comunidades humanas frente a la racionalidad abstracta del mercado global.
Referencia bibliográfica: Santos, M. (2000). La naturaleza del espacio: Técnica y tiempo. Razón y emoción. Ariel. (Obra original publicada en 1996).
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