En su obra de 1985, The Urbanization of Capital, el geógrafo David Harvey propone que la urbanización no es un subproducto accidental del crecimiento económico, sino un proceso central para la supervivencia del capitalismo.
Harvey argumenta que el sistema genera constantemente excedentes de capital que no pueden ser reinvertidos de manera rentable en la producción industrial, lo que se conoce como el circuito primario. Ante este riesgo de crisis, el capital busca un arreglo espacial (spatial fix) desplazándose hacia el entorno construido e infraestructuras de largo plazo, conformando así el circuito secundario.
Este concepto de arreglo espacial describe la tendencia del capital a buscar una solución geográfica a sus crisis de sobreacumulación. Al desplazar el excedente hacia la producción de un entorno construido —como edificios, complejos residenciales o infraestructura vial— el sistema logra fijar físicamente el valor en el territorio.
Esta dinámica permite comprender la aparente contradicción de ciudades que continúan expandiendo su frontera urbana a pesar de contar con un alto inventario de viviendas desocupadas. En estos casos, la urbanización no responde primordialmente a una demanda social de refugio, sino a la necesidad de inmovilizar capital excedente en activos físicos que funcionen como reservas de valor financiero.
El núcleo de la propuesta de Harvey es la geopolítica de la transformación urbana, que define como la síntesis necesaria entre la política de los intereses de clase y la configuración espacial. Esta relación se manifiesta de tres formas principales:
El control social mediante el diseño: El Estado interviene en la traza urbana no solo por eficiencia técnica, sino para fragmentar comunidades rebeldes y facilitar la vigilancia. El ejemplo paradigmático es la reforma de Haussmann en el París del siglo XIX, donde la creación de bulevares permitió el desplazamiento militar y eliminó los callejones que facilitaban las barricadas.
La ciudad como reserva de valor: La configuración del espacio se adapta para absorber el capital sobrante. La construcción de grandes obras públicas y desarrollos inmobiliarios permite congelar el valor en el territorio, estabilizando temporalmente el sistema económico a cambio de una transformación radical de la geografía urbana.
La especialización funcional: La ciudad se organiza para separar las áreas de reproducción de la fuerza de trabajo de las zonas de acumulación. Esta división no es natural, sino que responde a una necesidad geopolítica de minimizar las fricciones de clase y maximizar la circulación de mercancías y dinero.
En conclusión, para Harvey,
la forma física de nuestras ciudades es un registro histórico de las luchas de clase y de los intentos del capital por evitar su propio colapso.
La planificación urbana, por tanto, debe entenderse como un ejercicio de poder geopolítico que prioriza la estabilidad financiera sobre la experiencia vivida de los habitantes.
Referencia bibliográfica: Harvey, D. (1985). The Urbanization of Capital. Johns Hopkins University Press.

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