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Rolnik examina el "giro global" en las políticas de vivienda, donde esta ha dejado de ser un bien social para convertirse en un activo financiero. Explica que el fomento masivo de la propiedad privada y la "socialización del crédito" (especialmente hipotecas de alto riesgo o subprime) permitieron que el capital financiero colonizara el sector inmobiliario. El resultado ha sido una crisis del derecho a la vivienda, donde los sectores de menores ingresos son empujados a periferias segregadas y precarias mientras el suelo central es "desbloqueado" para inversiones especulativas que generan grandes beneficios para los inversores pero desprotección para los ciudadanos.
En el marco de nuestra investigación sobre la transformación de los centros históricos la obra de Raquel Rolnik (2013), Late Neoliberalism: The Financialization of Homeownership and Housing Rights, resulta fundamental para desarticular la retórica técnica de las políticas urbanas contemporáneas.
Rolnik examina cómo el modelo de "vivienda como derecho" fue desplazado por un paradigma de "vivienda como activo financiero", impulsado por organismos multilaterales desde la década de los noventa.
Rolnik identifica que el neoliberalismo tardío no solo desregula mercados, sino que utiliza al Estado como un facilitador activo para la expansión del capital financiero. En el contexto de las ciudades intermedias latinoamericanas, este proceso se manifiesta con particular fuerza en las áreas centrales. Aquí, las etiquetas de Renovación, Rehabilitación y Regeneración (3R) operan como dispositivos que preparan el terreno para la captura de rentas. La vivienda patrimonial deja de cumplir una función social de albergue para integrarse en circuitos de acumulación global, transformándose en productos inmobiliarios de alta rentabilidad, como el alquiler turístico o el comercio de élite.
La tesis de Rolnik advierte que la bancarización de la vivienda genera una "colonización del territorio" por parte del mercado. En los casos de estudio analizados, esto se traduce en una vulnerabilidad extrema para los habitantes tradicionales. Mientras el discurso oficial de las 3R celebra el rescate estético y la modernización, la realidad subyacente es una presión económica que erosiona la seguridad en la tenencia. El habitante del centro histórico se enfrenta a procesos de desposesión invisibilizados por la mejora física del entorno, donde la inversión financiera prima sobre la permanencia de la comunidad residente.
Referencia Bibliográfica: Rolnik, R. (2013). Late Neoliberalism: The Financialization of Homeownership and Housing Rights. International Journal of Urban and Regional Research, 37(3), 1058-1066.
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